El Dr. P. era un músico de renombre, conocido desde hacía años como cantante…y como maestro…Nada más conocerle resultaba obvio que no presentaba indicios de demencia …Era un hombre muy cultivado y encantador, que hablaba bien y de manera fluida, con imaginación y sentido del humor…
” Cuál cree que es el problema”, le pregunté finalmente.
” Nada que yo sepa”, me contestó con una sonrisa, ” pero parece que la gente piensa que ocurre algo a mis ojos “
” Pero usted no nota ningún problema en la vista “
” No, no inmediatamente, aunque en ocasiones me equivoco…
Fue mientras examinaba susu reflejos…cuando ocurrió la primera cosa extraña. Le había quitado el zapato izquierdo y le había rascado la planta del pie con una llave – una prueba que parece algo baladí pero que es esencial para valorar los reflejos-, y luego, con la excusa de atornillar mi oftalmoscopio, dejé que se pusiera él mismo el zapato. Para mi sorpresa, un minuto más tarde, no lo había hecho.
” Puedo ayudar ? “, le pregunté.
” Ayudar a qué ? Ayudar a quién ? “…
” Su zapato ” repetí. ” Quizá debería ponérselo.”
Siguó mirando hacia abajo, aunque no al zapato, con intensa pero mal dirigida concentración. Finalmente su mirada se posó en el zapato.
” Este es mi pié, ¿ verdad ?, ¿ he entendido mal ?, ¿ lo he visto mal ? “
” Mis ojos “, se explicó, y puso la mano sobre su pie. ” Este es mi zapato no ? “
” No, no loes. Eso es su pie. aquí está su zapato “
¿ Estaba bromeando?, ¿ Estaba loco ?, ¿ Estaba ciego ?
Si era una de sus extrañas equivocaciones, era la equivocación más extraña que había visto nunca.
Le ayudé con su zapato ( su pie ), para evitar más problemas y continué examinádole. su agudeza visual era buena; no le costaba ningún esfuerzo ver un alfiler en el suelo… veía perfectamente, pero ¿ qué era lo que veía ?…
” ¿ Qué es esto ? “, le pregunté tomando un guante.
” ¿ Puedo mirarlo ? “, preguntó mientras lo recogía.
” Una superficie continua ” dijo por fin, ” plegada sobre sí misma. Parece tener cinco abolsillamientos hacia afuera, sí esa es la palabra “.
” Si ” dije con precaución. ” Me ha hecho una descripción. Ahora dígame qué es “
” ¿Algún tipo de recipiente ? “
” Si ” dije ”y qué podría contener “
” ¡ Contendría su contenido ! ” dijo el Dr P. con una carcajada. ” Hay muchas posibilidades. Podría ser un monedero para cinco monedas de tamaños diferentes. Podría ser…”
” ¿ No le resulta familiar ? ¿ piensa que podría contener, que podría adaptarse a una parte del cuerpo ?
Ninguna señal de reconocimiento se insinuó en su cara…
Yo debía tener una expresión horrorizada, pero él parecía pensar que lo había resuelto bastante bien. Había un atisbo de sonrisa en su cara. También parecía haber decidido que el exámen había acabado y empezó a mirar alrededorbuscando su sombrero. Extendió la mano y aferró la cabeza de su mujer, tentando levantarla para ponérsela. Al parecer ¿ había confundido a su mujer con un sombrero ! Parecía que su mujer estaba acostumbrada a esas cosas.
Este relato es el más famoso de los recopilados en El hombre que confundió a su mujer con un sombrero y otros relatos clínicos por Oliver Sacks. Por supuesto es real y aunque es el más famoso los hay aún más increibles; decidí poner este por si alguien no lo conocía. Otro día más.