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Tremenda leria

Archive for the ‘Literatura’ Category

Ahí queda eso…

Publicado por aeiraderebeca on Abril 20, 2009

Lo siguiente es un extracto de una obra de Benedetto Croce y se refiere al periodo de su vida de entre los 37 y 49 años. Os lo dejo como reflexión para celebrar mi 29 cumpleaños; gracias a todos los que me demostrasteis cariño!!

” La obra de estos doce últimos años, que han sido hasta ahora los más fecundos de mi vida, debe permanecer aqui un poco ensombrecida, ya que representa la salida de las angustias del periodo precedente, la solución de mis conflictos interiores, y el logro del sosiego y de la calma, de esa calma que , como tal, ofrece escaso material para relato.Y al hablar de calma no pienso en el goce y el reposo, sino en el esfuerzo y el trabajo armónico, coherente y seguro; y no pienso tampoco en dividir en dos mitades el proceso de aprender y el de producir, como si primero hubiera aprendido y ahora simplemente pusiera en práctica todo ello.Lo que de verdad creo haber aprendido al llegar a este periodoes el arte de aprender sin dispersarme, como antes me ocurría, sin ir juntando estérilmente unos conocimientos con otros con el método extrínseco; aprender partiendo de una necesidad interior, guiado por unos principios, consciente de las dificultades, paciente en la espera y en dejar que las cosas maduren. Y he experimentado en mi propio ser la falsedad de la doctrina pedagógica que limita la formación a la primera parte de la vida y la verdad de la doctrina contraria que concibe la vida entera como permanente formación, y el saber como la suma del aprender y del saber. Cuando se sabe algo y no se tiene la posibilidad de seguir aprendiendo, cuando a uno se le educa y no se le dan los medios para continuar formándose, la vida se detiene, y ya no se le puede llamar vida sino muerte. “

                                                                   Aportaciones a la crítica de mí mismo

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Hoy he tenido un sueño

Publicado por samufon on Decembro 6, 2008

Parafraseando a Martin Luther King, “hoy he tenido un sueño”, un sueño profundo, un gran sueño, largo, hermoso y tranquilizador, un sueño como hacía muchos años no tenía, inspirador, relajante y tan tranquilizador que me ha sosegado el alma.

Supongo que fue producido por el cansancio acumulado en mucho tiempo, por la compañía compartida y disfrutada momentos antes, la modorra de un desayuno-comida, e incluso por la pequeña gran resaca producto de la ingestión de una botella de vino enterita y un par de cervezas (quiero dar mis agradecimientos por la noche compartida y la invitación de la cena, a veces se me va la cabeza me marcho sin mas y me convierto en un maleducado desagradecido).

Yo realizaba un paseo nocturno por un sendero zigzagueante, el paisaje era impresionante, a mi izquierda se situaba un intenso y espeso bosque, a mi derecha un largo prado poblado completamente por millones de flores de todas las clases, aromas y colores, centelleaban con brillos luminiscentes gracias al reflejo intenso proporcionado por la luz de la luna llena, la mas blanca y grande que jamás hubiera imaginado y por un sinfín de pequeñas estrellas, al otro lado del prado se podía divisar el espectáculo de un mar intenso, agitado y lleno de vida.

Según caminaba por el largo sendero, mi cuerpo cambiaba de apariencia, seguía teniendo forma humana, pero mis dimensiones se reducían, paso a paso menguaba de tal forma que al final mi tamaño era el de un duende, nomo o algún que otro ser de similares características.

Caminaba y caminaba sin descanso, no notaba fatiga alguna, cuando a lo lejos, al final del sendero divisé una explanada de hierva, llegué a ella y comprobé que la explanada en su entorno terminaba en un acantilado que se adentraba en el mar, haciendo que el lugar fuera un estupendo mirador, el lugar ideal para disfrutar de la naturaleza, las olas rompían enérgicamente contra las piedras de la orilla invitando a sentarse y relajarse mirando su ir y venir hipnótico.

Cada segundo que pasaba la paz se hacía mas intensa y a mi entorno se encendían pequeñas lucecillas tintineantes, en un principio eran un par, y con cada golpe de las olas se despertaban más y más de esas lucecillas hasta llegar a estar totalmente rodeado.

Una brisa suave y calida acarició de repente mi cara, traía sonidos de mas allá del horizonte, sonidos plácidos, armónicos, melodías que juraría eran producidas por un grupo de sirenas encandilando y enamorando a los marineros. La brisa levantaba del suelo las lucecillas que ahora revolotearan a mi alrededor en círculos, como si las estrellas estuvieran manteniendo un baile armónico, quien sabe lo que eran esas lucecillas, tal vez fueran luciérnagas, pero yo prefería pensar que en consonancia con el resto del paisaje se trataban de hadas jugueteando entorno a mi, por un momento yo y la naturaleza éramos una misma cosa, una sola e indivisible, en una armonía perfecta, todo de repente tenía un sentido, una lógica, un porque, había sido galardonado con una visita al reino mágico y fantástico del Rey Oberon.

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No tenemos dinero, pero tenemos lluvia

Publicado por aeiraderebeca on Outubro 13, 2008

Llámenle efecto invernadero o lo que sea
pero, simplemente, ya no llueve
como antes.
Recuerdo en particular las lluvias de
la época de la depresión.
No había nada de dinero pero había
mucha lluvia.
No llovía sólo una noche o
un día.
LLOVÍA 7 días y 7
noches
y los sumideros de Los Ángeles
no estaban hechos para tragar tanta
agua
y la lluvia caía GRUESA,
MALVADA y
CONSTANTE
y se OÍA como golpeaba contra
los tejados y en el suelo
cataratas de agua caían desde los tejados
y muchas veces GRANIZABA
gruesos GRANOS DE HIELO
como bombas
que explotaban
y se estrellaban contra las cosas
y la lluvia,
simplemente, no
CESABA
y todos los tejados tenían goteras.
Cacerolas,
pucheros
por todas partes;
goteaba ruidosamente
y había que vaciarlos
una y otra
vez.
La lluvia alcanzaba los bordes de las veredas,
invadía el césped, subía por las escaleras y
entraba en las casas.
Había trapos de pisos y toallas
y la lluvia muchas veces llegaba a los
retretes, burbujeando, marrón, enloquecida,
en remolinos
y los coches viejos estaban en las calles,
coches a los que les costaba arrancar hasta en
días soleados.
Y los hombres que se habían quedado sin trabajo
miraban por la ventana
a sus viejas máquinas que morían
como objetos vivos
allá afuera.
Los desocupados,
fracasados en época de fracasos,
estaban prisioneros en sus casas con sus
esposas, sus hijos
y sus
mascotas,
que se negaban a salir
y dejaban excrementos en
lugares impropios.
Los desocupados se volvían locos
confinados con
sus mujeres, en otro tiempo hermosas.
Había terribles peleas
mientras las notificaciones con desahucio
caían en los buzones.
Lluvia y gritos, latas de judías,
pan sin mantequilla, huevos
fritos, huevos duros, huevos
escalfados, bocadillos de
mantequilla de cacahuete y un pollo
invisible
en cada puchero.
Mi padre, jamás un buen hombre
en el mejor de los casos, le pegaba a mi madre
cuando llovía,
y yo me metía entre ellos,
piernas, rodillas,
gritos
hasta que
se separaban.
“Te voy a matar” le gritaba yo
a mi padre, ” si le volvés a pegar,
te mato”.
“Saca a este cabrón
hijo de puta del medio”
“No Henry, quedate
con tu mamá”.
Todas las familias sufrían
pero creo que la nuestra
estaba sometida a un terror
mayor que la media.
Y por la noche
cuando intentábamos dormir
la lluvia seguía cayendo
y en la cama
en la oscuridad
al mirar la luna contra
la ventana rajada
que impedía que entrara
la mayor parte de la lluvia
yo pensaba en Noé y en el
Arca
y pensaba que el diluvio
había vuelto
todos lo
pensábamos.
Y después de pronto
paraba.
Parece que siempre
paraba
a eso de las 5 o 6 de la madrugada,
que paz entonces,
pero no exactamente silencio
porque las cosas seguían haciendo
ping
ping
ping
y ya no había niebla
y a las ocho de la mañana
había una
ardiente luz amarilla
- de un amarillo Van Gogh-
loca, cegadora
y después
los desagües del tejado
aliviados del caudal de
agua
empezaban a expandirse con
el calor
PANG PANG PANG
y todo el mundo se levantaba
y miraba afuera,
todo el césped
empapado,
más verde,
y allí estaban los pájaros
sobre el césped
PIANDO como locos,
no habían comido decentemente
durante 7 días y 7 noches
y estaban hartos de
bayas y
esperaban que los gusanos,
gusanos casi ahogados,
salieran a la superficie.
Los pájaros
tiraban de ellos para arriba
y se los echaban garganta abajo;
había mirlos y gorriones,
pero éstos
enloquecidos por el hambre,
más pequeños y más rápidos,
conseguían su
propósito.
Los hombres estaban de pie en sus porches
fumando cigarrillos,
y sabían
que había que salir
a buscar empleo
que probablemente no
existía, que había que arrancar ese coche
que probablemente no
arrancaría.
Y las en otro tiempo hermosas
mujeres
estaban en cuartos de baño
peinándose,
maquillándose,
intentando recomponer
su mundo,
intentando olvidar esa
terrible depresión que
las atenazaba,
preguntándose qué podrían
preparar para
el desayuno.
Y en la radio
nos decían que
la escuela ya había
abierto
y
poco después
allí estaba yo
de camino a la escuela,
enormes charcos en las
calles,
el sol como un nuevo
mundo
mis padres de vuelta en aquella
casa,
y yo llegando a clases
en punto.
La señora Sorenson nos recibió
con un ” no tendremos
recreo, como siempre el patio
está demasiado encharcado”
“OHHHH”, dijo la mayoría
de los chicos.
“Pero vamos a hacer algo especial
a la hora
del recreo”, continuo diciendo
“y va a ser divertido.”
Bueno, todos nos preguntábamos
en qué consistiría
y las dos horas de espera
mientras la señora Sorenson
iba impartiendo
sus lecciones
se nos hicieron largas.
Yo miraba a las
niñitas, tan lindas
todas, tan limpias y
atentas,
sentadas quietas y
derechas
y su pelo era
hermoso
bajo el sol
de California.
Después sonó la campana del recreo
y todos esperábamos
la diversión.
Entonces la señora Sorenson nos
dijo:
“ahora lo que vamos a hacer
es contarnos
unos a otros lo que hicimos
durante la tormenta.
Vamos a empezar
por la primera
fila y después con las siguientes
Michael tu
empiezas.”
Bueno empezamos a contar
nuestras historias. Michael empezó
y siguió otro y después otro,
enseguida nos dimos cuenta de que
todos estábamos mintiendo, no
exactamente mintiendo, algún chico
empezó a reírse y alguna chica
empezó a lanzar
miradas aviesas y
la señora Sorenson dijo:
“Bueno
¡Un poco de silencio!
A mí me interesa lo que
hicisteis
durante la tormenta
aunque a vosotros
no.”
Así que tuvimos que contar nuestras
historias, y eso si que eran
historias.
Una niña dijo que
cuando salió el arco iris
la primera vez
había visto el rostro de Dios
en uno de los extremos.
Pero no explicó
en cual.
Un niño dijo que había sacado
la caña de pescar
por la ventana
y había sacado un
pescadito
y se lo había dado a su
gato.
Casi todo el mundo contó
mentiras
la verdad era simplemente
demasiado espantosa y
embarazosa
de contar.
Y después sonó la campana,
el recreo
había terminado.
“Gracias”, dijo la señora
Sorenson, “estuvo muy
bien”
mañana el patio
estará seco
y podremos utilizarlo
de nuevo”
La mayoría de los chicos
aplaudió
y las niñitas
siguieron sentadas
derechas,
quietas,
tan lindas,
limpias y
atentas,
con sus cabellos hermosos
bajo un sol que
el mundo
no volvería a ver jamás.

                                           Bukowsky

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Alfredo el perro manso

Publicado por samufon on Xullo 25, 2008

  El perro de la familia se llama Alfredo. Le puso el nombre mi abuela, A todos le extrañaba que le pusiera un nombre de persona a un animal, pero ella decía que era idéntico a Alf, el personaje de la serie de televisión, grande, marrón, peludo, con un hocico extremadamente grande, ¡muy feo el pobre! y que como estábamos en España y no en América,  le llamaría en castellano para que el perro la entendiera y le hiciera caso.

  Respecto al carácter del animal, querría subrayar que aunque era de talla enorme, todo lo que tenía de grande lo tenía de bueno y pacífico, o por lo menos eso creíamos.

  Alfredo no era el único perro que poseía mi abuela, también tenía otros dos perros, eran de esos que son diminutos de pelo largo y liso y que parecen bolas de algodón. Al más viejo lo llamaba Mocho y al otro Mopa ya que la abuela decía que si les clavabas un palo eran idénticos a estos útiles de limpieza.

  Resulta que Mocho y Mopa eran los típicos perros pesados que no paraban de chillar, lo mordisqueaban todo y se pasaban el día molestando cuanto podían, al pobre Alfredo lo traían a malvivir, lo seguían a todas partes y se confabulaban contra el para morderlo sin parar, si le hicieran lo mismo a cualquier otro perro este se revelaría al rato y se los comería de un bocado, pero Alfredo era poseedor de una paciencia infinita y se limitaba a ignorarlos hasta que se aburrían de el y se marchaban a otro lugar. El acoso era constante a Alfredo, no solo lo perseguían y mordisqueaban, sino que le quitaban todas sus cosas se las enterraban por todos lados y mil faenas mas, gracias a estos dos canes logré entender porque existía la frase de que a alguien le hacían perrerías.

  Alfredo parecía totalmente dominado, incluso al comer, el se quedaba sentado delante del platillo, aguardando que Mocho y Mopa terminaran de comer, y hasta después de un  rato largo no probaba ni un bocado, no sabíamos si lo hacía para poder comer solo y tranquilo o si simplemente que era muy tonto.

  La cuestión es que un día Mocho y Mopa robaron un poco de pienso especial para los conejos, y algo de lo que traía el dichoso pienso les hizo una reacción que casi se mueren, estuvieron pachuchos unos cuantos días, tiempo que casi no molestaron ni incordiaron, algo que Alfredo pareció agradecer especialmente. Incluso cuando les poníamos el platillo de comida, Alfredo por algo que se podría interpretar como pena o compasión lo agarraba y se lo acercaba a los dos perros enfermos.

  Con el paso de los días los dos perros no parecían mejorar, mas bien lo contrario, nadie se explicaba la razón hasta que un día mi abuela encontró la causa de su malestar continuo. Resulta que cuando les poníamos el platillo de comida para los dos perros Alfredo lo cogía para acercárselo, pero antes de cogerlo Alfredo llenaba la boca con el pienso de los conejos que les había hecho enfermar días antes y se lo echaba en el platillo con el resto de comida para que lo digirieran, vamos, un intento de canicidio por envenenamiento.

  La conclusión que sacamos es que a veces el que parece más manso puede ser en realidad el más peligroso, comportamiento que se puede traspasar a las personas, por eso yo no me fío casi de nadie, y si parece inocente y tranquilito menos todavía.

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¿Donde salen los colores?

Publicado por samufon on Xullo 19, 2008

Mi incultura informática me llevó a intentar adivinar como diantres conseguían escrivir con letras de colorines, tras clikear en todos lados y aplicar la ley de Murfy, (el lugar que buscas siempre sera el último lugar que te quede por mirar), lo he logrado, ya se que no es ninguna cosa fuera de lo normal, pero para mi ha sido todo un logro. El resultado del esperimento es el siguiente:

UN MUNDO DE COLORES                                             

  El sol empezaba a abrirse paso a través de las rendijas de las persianas, un reflejo leve rebotado del espejo del aparador se posaba placidamente en sus ojos aun cerrados. El bullicio de la calle se abría paso en la habitación, sacándolo del profundo sueño en el que estaba metido desde el día anterior.

  Uno, dos y tres, rodando su cuerpo en la estrecha cama, consiguió que una de sus piernas se apoyara en el suelo y haciendo fuerza con los brazos logró incorporarse completamente. La sensación de frío al contacto de los pies desnudos con el suelo hizo que un escalofrío recorriera su espalda, algún día sacaría de su cuerpo la pereza e iría de una vez por todas a comprar una dichosa alfombra.

  Con los ojos entrecerrados cruzo la habitación tentado aun en volver a meterse otros cinco minutos más en la cama, pero ya que estaba levantado seria mejor que se diera una ducha fresquita y tomara un buen desayuno para aprovechar el fin de semana.

  El tocadiscos reproducía una melodía de tono suave y a un volumen no muy alto, le gustaba escuchar la música simplemente para relajarse y que le hiciera algo de compañía, la canción que sonara era lo de menos mientras fuera tranquila y le permitiera abstraerse de sus propios pensamientos. Últimamente se sentía decaído por la  rutina a la que arrastrara su vida, se regía por un horario inflexible y monótono dándole una falsa sensación de seguridad pero que poco a poco logro sacarle toda la luz a su vida. Los lunes organizaba la compra de la semana y lavaba el coche, con el agua se desvanecía el azul, martes gimnasio y lectura recomendada por el crítico del periódico, allá marchó el verde, miércoles colada y limpieza general de la casa, adiós, adiós amarillo, y así consecutivamente hasta convertirse en un autómata de hojalata que vivía en un mundo pintado a escala de grises.

  RING, RING…

-         Diga

-         Julián, cuanto tiempo, ¿qué haces este fin de semana?

-         Lo de siempre, facturas, recados…

-         Pues olvídate de eso, te vienes con nosotros a una casa rural, te recojo en una hora.

  Antes de poder rechazar la oferta, ya se había cortado la llamada. Transcurrida una hora justa, se presentó ante su puerta un grupo de amigos, alguno incluso no los veía desde hacía bastante tiempo, entraron en la casa, cogieron ropa, neceser, y lo básico, y lo introdujeron en el coche casi a empujones. El viaje no se hizo pesado, tenían muchas cosas que actualizar en sus vidas, fue tan ameno, que tan siquiera se preocupó en saber donde lo llevaban.

  Este fin de semana tenía como norma dejarse llevar por completo, bajo amenaza de abandonarlo en medio del monte si protestaba o se hacía el remolón. Las fiestas, risas, partidos de fútbol improvisado, todo lo que se hacía era espontáneo, desde la comida que pedían en el restaurante hasta un paseo a caballo de una cuadra del vecino de la casa rural, e incluso el descenso por el río en unos neumáticos de camión que se encontraran abandonados en el monte.

  De regreso, su vida cambió radicalmente, comenzando por romper el mismo el estricto horario, pues necesitó toda la semana para reponer fuerzas, después intentaba cada día hacer algo diferente y entretenido, hasta lograr que la alegría y el entretenimiento fueran la nueva rutina de su vida, devolviendo el color poco a poco a todos los momentos de su vida.

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El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

Publicado por aeiraderebeca on Xullo 18, 2008

El Dr. P. era un músico de renombre, conocido desde hacía años como cantante…y como maestro…Nada más conocerle resultaba obvio que no presentaba indicios de demencia …Era un hombre muy cultivado y encantador, que hablaba bien y de manera fluida, con imaginación y sentido del humor…

” Cuál cree que es el problema”, le pregunté finalmente.

” Nada que yo sepa”, me contestó con una sonrisa, ” pero parece que la gente piensa que ocurre algo a mis ojos “

” Pero usted no nota ningún problema en la vista “

” No, no inmediatamente, aunque en ocasiones me equivoco…

Fue mientras examinaba susu reflejos…cuando ocurrió la primera cosa extraña. Le había quitado el zapato izquierdo y le había rascado la planta del pie con una llave – una prueba que parece algo baladí pero que es esencial para valorar los reflejos-, y luego, con la excusa de atornillar mi oftalmoscopio, dejé que se pusiera él mismo el zapato. Para mi sorpresa, un minuto más tarde, no lo había hecho.

” Puedo ayudar ? “, le pregunté.

” Ayudar a qué ? Ayudar a quién ? “…

” Su zapato ” repetí. ” Quizá debería ponérselo.”

Siguó mirando hacia abajo, aunque no al zapato, con intensa pero mal dirigida concentración.  Finalmente su mirada se posó en el zapato.

” Este es mi pié, ¿ verdad ?, ¿ he entendido mal ?, ¿ lo he visto mal ? “

” Mis ojos “, se explicó, y puso la mano sobre su pie. ” Este es mi zapato no ? “

” No, no loes. Eso es su pie. aquí está su zapato “

¿ Estaba bromeando?, ¿ Estaba loco ?, ¿ Estaba ciego ?

Si era una de sus extrañas equivocaciones, era la equivocación más extraña que había visto nunca.

Le ayudé con su zapato ( su pie ), para evitar más problemas y continué examinádole. su agudeza visual era buena; no le costaba ningún esfuerzo ver un alfiler en el suelo… veía perfectamente, pero ¿ qué era lo que veía ?…

” ¿ Qué es esto ? “, le pregunté tomando un guante.

” ¿ Puedo mirarlo ? “, preguntó mientras lo recogía.

” Una superficie continua ” dijo por fin, ” plegada sobre sí misma. Parece tener cinco abolsillamientos hacia afuera, sí esa es la palabra “.

” Si ” dije con precaución. ” Me ha hecho una descripción. Ahora dígame qué es “

” ¿Algún tipo de recipiente ? “

” Si ” dije ”y qué podría contener “

” ¡  Contendría su contenido ! ” dijo el Dr P. con una carcajada. ” Hay muchas posibilidades. Podría ser un monedero para cinco monedas de tamaños diferentes. Podría ser…”

” ¿ No le resulta familiar ? ¿ piensa que podría contener, que podría adaptarse a una parte del cuerpo ?

 Ninguna señal de reconocimiento se insinuó en su cara…

Yo debía tener una expresión horrorizada, pero él parecía pensar que lo había resuelto bastante bien. Había un atisbo de sonrisa en su cara. También parecía haber decidido que el exámen había acabado y empezó a mirar alrededorbuscando su sombrero. Extendió la mano y aferró la cabeza de su mujer, tentando levantarla para ponérsela. Al parecer ¿ había confundido a su mujer con un sombrero ! Parecía que su mujer estaba acostumbrada a esas cosas.

Este relato es el más famoso de los recopilados en  El hombre que confundió a su mujer con un sombrero y otros relatos clínicos por Oliver Sacks. Por supuesto es real y aunque es el más famoso los hay aún más increibles; decidí poner este por si alguien no lo conocía. Otro día más.

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SEMPRE HABIA TEMPO

Publicado por javierpose on Xuño 15, 2008

José é un home de sesenta anos, que esta vendo chover no alprende da sua casa, cando Andres pasaba cunha azada ao lombo.

-Chove José?

_Chove e ainda a chover máis.

-Venlle ben ás miñas pataquiñas

-Tamén lle viña ben que as sacharas , que xa logo non se ven no medio da herba.

-Non teño tempo José , que non dou feito, a mamá, o neno, a casa ,a horta .

_e logo Lola ?

- Lola marchou disque esto lle quedaba pequeno e marchou pa coruña. Aqui quedamos miña nai, o neno máis eu.

-E  Marisa ,tua nai ? segue na cama?

-Segue e seguirá José , ela di que non ten nada polo que levantarse, dende que morreo meu pai e xa fai deso tres anos.

-Pero a tua nai é nova , que ela e áais meu irmá Tomás son dun tempo.

-Corenta e seis , se lle queda media vida , pero ela erre que erre, querialle moito a meu pai

-Quería oh ,non vivia mais que pa él, e acordome que xa de pequenos tiraban moito un polo outro. Acordome dun dia , pero senta senta  , que cho conto.

-Non teño tempo josé.

-Veña , senta e toma un viño . Gústame tanto recordar eses tempos.

-Veña logo , pero pouco tempo que teño moito que facer.

-Tamen tes moito tempo, que che queda toda a vida.

-Tamen tes razón , Pon un viño logo . -Dixo Andrés sentando nun toro de carballo que debía de ter josé pa fender  , xa que preto del había un feixe de loureiro verde e unha toradiña de carballo cunha macheta espetada .

-E logo a onde ibas tan apurado?

-Pa leira, limpar as patacas.

-Ai non, a terra chovendo nin tocala,

-Que pasa logo, que non se pode?

-Non que e malo pa terra. Pero o que iamos. Teu pai baixaba enfurrruñado tirando da vaca e cando chegou a miña leira, a vaca deciciu para apastar no meu  arredor  . Eu estaba apañando unhas berzas pas galiñas e pregunteille a onde çia.

-ola Susiño seica a vaca nas quere? a onde a levas?

_non sei que tén que leva todo o camiño repunantando, vou pa leira de manola toda a tarde apastala vaca e quero chegar logo, para estudiar o silabario con Marisa.

Enton achegueime a teu pai e dinlle unha presa de berzas – Toma  vaillas dando para que  ande  que xa Marisa  fai un pedazo  que pasou. Teu pai  arrimoulle unha das berzas a vaca e a paloma,. que así lle  chamaban, botou a andar atrás del. Solo verlle a cara a ese rapaciño valía un cento de berzas.

Cando ia pa casa cun feixe de berzas na cabeza, ó pasar pola de manola vimos a sombra dun castiñeiro, os dous estaban sentados cun pedazo de papel nas mas e ditando o silabario . Pousei as berzas e senteime asexando por entre as silvas .

Tocaballe a teu pai e marisa era a maestra. O teu pa confundiuse e marisa berrou con él . -Non e non que non e ja que e ga ,tou farta , levantouse e botou andar.- Non marches  Marisa . dixole teu pai . -E valo decir ben. -Bou, xuroche que o fago ben ,volve. Marisa seguiu andando pero cambiu a dirección e achegose a vaca acariñandoa e decindolle _ai palomiña moito che queda que aguantar do tontiño de Suso.  (O suficientemente alto para que teu pai o escoitase) e acariciando a corda , chegou a xesta na que estaba presa, cando a ia desatar  saiu  un  paxaro da xesta  e  berrou . -Susoo,  Suso  ven, ven ver un niño,ten paxariños pequenos.

Teu pai botou correr cara xesta preguntando de que? de que é ? – non sei pero co feos que son e o feliz que me fai velos. Dixolle Marisa . -A ser de peizoca .

Quedaron mirando pos paxariños e teu pai agarrou a marisa da man e separouna uns metros da xesta. -ven ,veras . E deitaronse na herba sen deixar de mirar para o niño, non tardou en chegala peizoquiña cunha bicada  para as suas crias, pousouse no bico da xesta mirou pa un lado para o outro e colouse polo medio ata o niño. -ai ta sssssss, que bonito  dixo Marisa. – Siii . Contestou teu pai miraron un para o outro e Teu pai bicouna nos beizos. _que fas suso. -Non sei saliume. -Pois que che saia a ga,  dixolle sen deixar a sonrisa borrar de todo. doulle un bico a suso e botou a correr cara a casa.- Eite ver mañan? pregunoulle teu pai._sii , se me levanto da cama . -berrou xa correndo polo camiño. Teu pai deixouse caer no prado mirando como a peizoca lle repartia unha miñoca os paxariños.

- Asi como cho conto Andres, o primeiro bico que se deron teus pais vivo eu a traves dunha silveira e devian de andar polos oito anos.

-Que bonito debeu de ser, e encambio a miña Lola xa ves que esto lle queda pequeno. Co grande que se me fai a min, pero polo menos deume un fillo.

- E que e del ?

- Anda na escola xa caseque que estará a vir, marcho cara casa que de chover non para, a ver miña nai se merenda algo. -dixo Andres erguendose e botando a azada ao lombo.

-Pois moitas gracias, pola historía que me contache dos meus pais.

-Nada oh ,gracias a ti pola compañia e polas patacas non te preocupes que tan pronto como levante o tempo , xa chas sacho eu.

-Pois outra vez moitas gracias José.

-Nada home , saludame a tua nai e dille que a ei ir ver pa semana que ven.

…HUY MIMADRIÑA.  PA FLIPAR A QUE SI. POIS A VER SE O POÑEDES NUN COMENTARIO

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A flor máis grande do mundo

Publicado por aeiraderebeca on Xuño 4, 2008

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Otra vez la violencia

Publicado por samufon on Xuño 1, 2008

Hoy he vuelto a escuchar una noticia sobre un atentado. Las continuas guerras y ataques terroristas, pueden llegar a provocar la inmunidad sentimental del asunto, de tanto ver y escuchar las tragedias, ya no te duelen tanto. En un principio piensas que las autoridades y todas las partes involucradas en el terrorismo y la guerra, puedan llegar a un acuerdo y un final feliz para todos, pero acabas decepcionado y por último solamente te queda la esperanza de que los que asesinen mediten las consecuencias de sus actos.

Para mi, esta esperanza se representa en un poema de Bertolt Brecht, escuchado por mi en una canción de Adolfo Celdrán. Os pongo la letra escrita, pues quizás la música es un poco anticuada para vuestros gustos, pero si queréis escucharla, supongo que siempre la podréis escuchar en Internet, pues Dios lo ha inventado para eso, ¿no?

General

Otra vez se oye hablar de grandeza

Ana, no llores

El tendero nos fiará

Otra vez se oye hablar del honor

Ana, no llores

No podemos comer ya

Otra vez se oye hablar de victorias

Ana, no llores

A mi no me tendrán

Ya desfila el ejército que parte

Ana, no llores

Ya desertarán

General, tu tanque es poderoso

Aplasta cien hombres y arrasa el pinar

General, pero tiene un defecto

Necesita un hombre que lo pueda guiar

General, tu avión es muy potente

Vuela como tormenta y destruye la ciudad

General, pero tiene un defecto

Necesita un hombre que lo pueda pilotar

General, el hombre es muy útil

Puede volar, puede matar

General, pero tiene un defecto

Puede pensar, puede pensar

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Soledad

Publicado por samufon on Maio 18, 2008

El coche circulaba despacio porque la abuela solía marearse, pero esta vez estaba tan concentrada en su pena, que ni se daba cuenta de que estaba en el coche camino a casa.

- Abuela, ¿tu tía era muy mayor?

- No, sólo tenía 72 años, y ya ves, es una pena que no la cuidara nadie, si se hubiera casado, quizás sus hijos la hubieran cuidado y todo habría cambiado.

- Bueno abuela, si no encontró el amor…

- Hay Susiño, el amor no lo es todo, yo tuve suerte con tu abuelo, ya se que estar con alguien sin amarlo es una pena pero acabar tus días en una casa vacía, sin nadie que te acompañe cuando estas triste, o que te cuide si estas enfermo es mas triste todavía.

El resto del camino transcurrió en silencio, la abuela seguía sumida en sus pensamientos, de vez en cuando miraba hacia el cuentakilómetros, movía la cabeza, y si frenaba un poco, volvía a bajarla para seguir con sus maquinaciones.

Al llegar a la casa, la abuela mirándome fijamente dijo:

- Susiño, me tienes que prometer que te casaras, ya se que tu dices que no quieres, pero tu no te das cuenta de lo importante que es tener a alguien por la noche que te caliente los pies fríos entre sus piernas, si no te casas, nadie te va a cuidar de mayor y te encontrarán muerto en tu casa después de semanas, o dios sabe cuando. O incluso podrías acabar en un asilo, donde te tratarían como una cosa o incluso peor. Prométeme que te casaras, o sino no me bajo del coche.

- Abuela no me sea infantil, ya se que hoy día, sobretodo en sitios grandes como la capital, cuanta mas gente tienes a tu alrededor mas solo estas, pero yo no voy a obligar a nadie a casarse conmigo para hacerme compañía simplemente, si surge surgió, pero no puedo hacer nada mas.

- Si puedes Susiño, puedes intentarlo, que yo te veo muy vago para esto de amor, y si no lo intentas, no te preocupes, que lo que me queda de vida ya me la pasare entretenida buscándote yo a alguien.

Regreso a casa, aparco el coche y me dirijo las dos manzanas que separan el garaje del apartamento por el paseo del parque. La multitud de personas vaga como las hormigas de un lado a otro, todos con prisas, absortos en su pequeño mundo, casi mirándose a los pies. En el portal, al abrir la puerta, desde lo alto del descansillo, aparece la vecina del segundo izquierda.

- ¡Buenos días!

- ¡Buenos días! Repito con insistencia por si no me había escuchado.

La vecina, con paso ágil, pasa por mi lado sin decir nada y desaparece girando la esquina. ¿Tendrá algo de razón la abuela?

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